EXPRESIONISMO ALEMÁN (contado por un español)
Parece mentira que hayan pasado ya dos meses desde que empezaron las clases de la uni. Aunque a veces me agobie, estoy disfrutando y aprendiendo muchísimas cosas, y no solo en el ámbito académico. Además, como ya hablé en una de mis entradas anteriores, me fijo en cosas que antes pasaba por alto. Un claro ejemplo son los cuadros. No ha sido hasta hace unos días que me di cuenta de que había un cuadro fauvista bien grande en la cocina de mi tía (que está en el Thyssen por cierto). Y tras haber abierto los ojos, creo que me va a resultar difícil cerrarlos.
Me alegro mucho de empezar a disfrutar exposiciones de arte. Y hablando de ellas, el pasado viernes no tuvimos clase en la ETSAM gracias a nuestro querido San Cemento, ¿y qué mejor manera de celebrarlo que yendo al Thyssen a disfrutar de unos cuadros expresionistas alemanes?
La exposición empieza fuerte. No sé si lo conocéis, es el cuadro de Kirchner, Fränzi ante una silla tallada (1910), que marca un antes y un después en esta vanguardia. Se ve en mi cara que despierta claramente una emoción de asombro, con esa representación tan peculiar de la niña con la cara verde.
Ese día estaba de suerte, porque justo al comienzo de la exposición me encuentro a dos mujeres hablando detenidamente sobre un cuadro, y tras pensarlo dos veces les pregunté si me podía unir a la conversación. Y con la tontería me hicieron una de las mejores visitas guiadas que he tenido (¡es que encima eran guías del museo!), se lo agradezco un montón de verdad.
Había gran cantidad de cuadros maravillosos, pero si hago un top 3 sería de las siguientes obras:
Nubes de verano (Emil Nolde), Metrópolis (George Grosz) y Junkerboden nevado (Ludwig Kirchner). Las tres obras me causan sensaciones distintas, desde impresión, estremecimiento hasta paz y serenidad (respectivamente).
Otra idea importante con la que me quedé fueron las palabras de Kandinsky: "La emoción del alma del artista tiene la capacidad de provocar otra emoción en el alma del espectador". Y creo que lo representa muy bien el cuadro de abajo.
A mi esta mezcla de colores vivos me produce alegría, pero a saber qué sentía Kandinsky mientras pintaba su obra...
No satisfecho con la exposición, pasé por la tienda y me pillé un póster bueno bonito y barato que va a quedar de lujo en mi habitación, y ya lo enmarcaré que no hay prisa.
Lo pasé muy bien en el museo, es una exposición que merece la pena, así que animaos a visitarla, que no os defraudará. Y así como que no quiere la cosa le estoy cogiendo el gustillo a esto de los museos...









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